viernes, 10 de junio de 2016

Antes de decir que no, pensá que algún día te vas a morir. Sí, te vas a morir.
Metete al mar, despeinate... que la sal te endurezca el pelo y la piel, que te despinte. Metete de día, de noche... que una ola gigante te lleve a pasear y la arena se te meta en los calzones. Que el "toples" sea por la fuerza del agua, menos sexy y más divertido. Cagate mucho de risa, enterrate en la arena, hacé un castillito... sí, estás peludo, pero las ganas de hacer un castillito no se van jamás.
Tirate en paracaídas que tenés más probabilidades de morirte entrando el auto a la cochera de tu casa, cruzando la avenida apurado para ir a laburar, o de un ataque al corazón post- estrés, post- chatarra, post- depresión. Acostate con tu perro y llenate la ropa de pelos, escuchá su corazón... ese sí que late por vos.
Juntate con tus amigos aunque no tengas un puto peso. Siempre hay un paquete de arroz por ahí, o unas criollitas. Juntate con ellos y meate de risa y si los ves con el celular, tiraselos por la cabeza. Putealos, que están ahí con vos... el resto puede esperar. Coman el asado, vayan a la montaña, ponganse en terlipes en el medio de la calle. Sólo para reír. La amistad sana y no hay antidepresivo que le toque los talones.
Viajá. Ahorrá y viajá. Quizás cuando termines de pagar la ropa que te estás comprando ya la hayas dejado de usar. Quizás cuando termines de pagarte tu casa se haya llevado la deuda... toda tu energía. Quizás cuando termines de pagarte el auto te hayas acostumbrado a caminar. Quizás cuando termines de pagar el microondas te des cuenta de que como calentar en el horno no hay. El somnier extra súper archi blah blah "King" puede esperar, mejor una garrafita para la montaña. Escuchame pendejx, viajá.
Viajá, viajá para enriquecer el alma. Conocé gente, culturas, idiomas. Viajá para ver y escuchar que el amor en todos lados tiene la misma lengua. Viajá, tirate al pasto. Vaciá cuarenta y cinco termos de "meta mate y charla" y que te quede la lengua verde de chupar la bombilla mientras guardás las fotos de ese paisaje en tu cabeza. Y si no hay guita, andate igual. Andate abajo de una planta. Tres frazadas, fideos blancos y nada más.
Escuchá, escuchá a tus viejos. Preguntales todo lo que no sabés, todo lo que pasó. Cuántas veces amaron y cuántas perdieron un amor. Preguntales que querían ser de grandes cuando eran chicos. Preguntales porqué carajos no lo hacen si están vivos. Hablá, hablá con ellos que te escuchan hasta en silencio. Deciles que los querés y metete el orgullo post-moderno liberal de "todo me chupa un huevo" en el culo. Porque ellos también se van a morir. Abrazalos como si fuera la última vez... que ni las velas de cumpleaños, ni las estrellas fugaces, ni las vaquitas de San Antonio tienen el poder de conceder la inmortalidad.
Decilo todo. Decilo, escribilo, transmití. Sacate la vergüenza de las venas. Decile que la querés, decile que lo amás. Metele un beso para que no se olvide más. Decile que te dormís y te levantás pensándolo/la. Decile, decile todo lo que se te cruce por el bocho. Sé asquerosamente romántico/a. Empachate. Dejá de hacerte el/la durx que todos bien sabemos lo que siente el otro. Así que... decilo. ¿Qué podés perder? Decile lo que te gusta, lo que te enloquece, lo que te excita.
Dejá de sobarle la espalda a la tristeza y abrazala, abrazala fuerte y que se vaya un tiempo para volver fresquita como una lechuga y así... la volves a abrazar.
Antes de tener hijos... sé un niño, sé un niño todo el tiempo que más puedas. Dormí, salí, reíte, comé chocolates y gomitas y reíte. Fulminá tu juventud... antes de envejecer. Y cuando te pongas viejo, contale a la generación entrante... qué significa cada una de tus arrugas. No les dejes tu cuerpo gris, dejales tus ganas de vivir. Dale viejo, dejalos que jueguen a la pelota en la siesta ¿Te acordás cuando jugabas a la pelota en la siesta? Dale, no llames a la policía. Comprate un paquete de bombitas y cuando te toquen el timbre mojalos también. Dale viejo, viejo las pelotas. Sí, viejas las pelotas pero sangre en el pecho. No fué hace tanto viejo, acordate y reíte con ellos... antes de decir que no.

lunes, 30 de mayo de 2016

Me acostumbre a tus besos, a escuchar
tu risa, a que se me revolucione la vida
cuando te veo llegar, a lo que me haces
sentir ¡A tenerte acá!

Costumbre







Que no perdamos la costumbre de dar abrazos, de mirarnos a los ojos, de confiar en el otro. De dar una palabra de aliento, de disfrutar de las pequeñas cosas que la vida nos presenta, de decir gracias, por favor y porque no permiso. Que no perdamos la costumbre de cenar con nuestra familia de preguntar como esta, como fue tu dia, no perdamos la costumbre de que un simple abrazo le hagas un mimo al corazon a esa persona que tuvo un mal día. No perdamos la costumbre de escuchar nuestra cancion favorita, pero sobre todo NUNCA perdamos la costumbre de LEER, porque es lo mas hermoso que la vida nos puede presetar, nos transporta a otra realidad, nos vuela la cabeza.
Solo espero que cuano me caiga, cuanto todo se vaya a la mierda, cuando ya no tenga mas ganas de seguir, estes aca (conmigo) Veni, acostate en mi pecho, hablame de tus locuras de tus sueños, que mientras te escucho puedo llenarte de besos.
No sé cómo se habrá llamado, pero tenía cara de Raúl, así, con las cejas pobladas llenas de canas plateadas y los ojos oscuros, un poco opacos, como esos muebles tristes donde las abuelas esconden la vajilla.
Raúl subió al colectivo revolviéndose los bolsillos de la campera vieja. Cuando suspiró, los vidrios cerrados se llenaron de cal y lágrimas, pero nadie se dio cuenta. Sacó la tarjeta, pagó el pasaje y fue a sentarse frente a la nena.
Tampoco sé cómo se habrá llamado la nena, pero tenía cara de Lu, así, cortito, como las antenas de las hormigas que hacen fila en la plaza para llevarse las hojas que se tiran de las ramas cuando es mayo y los chicos salen de la escuela con la bufanda atada al cuello y la escarapela abrazada al guardapolvo.
Raúl se desplomó sobre el asiento y se puso la mochila rosa en las rodillas. Yo escuché como las herramientas oxidadas se empujaban ahí adentro. El cling del destornillador contra la cabeza del martillo y el clang de la llave inglesa golpeando el mango del buscapolo hicieron que Lu sacara los ojos del cuaderno gordo y los pusiera sobre el albañil y esa mochila ajada suya. El bolsillo del frente enmarcaba, como una ventanita con cierre, la imagen de la princesa que bailaba el vals con un príncipe, que no era azul, pero casi, porque esa tarde hacía mucho frío.
-¡Mirá, mamá!, exclamó Lu, con la impunidad de la infancia. ¡Tiene una mochila de nena!
Raúl bajó la vista y las pupilas se le llenaron de los corazones rojos y púrpuras que flotaban sobre la escena de lona. La mamá de Lu, que tenía cara de Mercedes, así, con rodete tirante y pañuelo de seda, le ordenó que hiciera silencio, que no fuera maleducada, que el señor se iba a enojar.
-¡Pero esta mochila no es de nena!, dijo Raúl, y en el colectivo todos hicimos silencio. Creo que hasta el motor dejó de rugir y el ripio bajo las ruedas ya no crujió tanto.- ¡Esta es una mochila de nene! ¡Mirá! ¿No ves que tiene un príncipe?
-¡Pero tiene corazones!, protestó Lu.
-Sí, porque el príncipe está enamorado, ¿no ves como la mira a la princesa?
-¡Pero es rosa!
-Sí, como la camiseta de Boca, explicó Raúl, con una paciencia que le costaba demasiado después de haberse pasado el lunes revocando las paredes de una casa que jamás sería suya.
-Bueno, entonces sí, dijo Lu, y volvió a mirar el cuaderno gordo.
Mercedes y Raúl cruzaron una mirada cómplice y se sonrieron. Yo también sonreí, pero ellos no me vieron. Sonreí consciente de la sabiduría de Raúl. Sonreí porque también hay príncipes rosa. Sonreí celebrando que aquella tarde Lu hubiese aprendido algo que nunca se escribe en ningún cuaderno gordo.

miércoles, 25 de mayo de 2016

"Nos quedamos en la playa, semidesnudos y con las piernas llenas de sal, hasta que el sol, todavía tibio, comenzó a hundirse en el horizonte sin nubes.
-Mirá qué lindo, le dije, señalando el momento exacto en que los rayos se acostaban sobre la espuma del mar, que ahora parecía pulpa de mango.
-Sacá una foto, me pidió.
Agarré el teléfono y lo levanté en dirección al paisaje. Antes de poder abrir la cámara, sentí el peso suave de la mano de Salvador obligándome a dejar el aparato. Me sacó los anteojos y me corrió el flequillo de los ojos, mientras señalaba la moneda de fuego.
-Sacá una foto, repitió."
Fernweh
Te veo brillar en espontaneo y se me parte en dos el cráneo. 

Vida

"Somos la escuela de la vida" me gusta esta vida y me gusta sentirme así, plena, completa y feliz. Disfruto de las pequeñas cosas, como tirarme en el pasto y que el sol de de completo en la cara, dormirme de a poquito después de tener una larga mañana. Le temo a las cosas aveces demasiadas simple de la vida, como vos seguramente. El futuro, la incertidumbre, no cumplir metas, la salud y por sobre todo la familia. Disfrutó de las dinámicas donde reflexionas hasta el llanto, donde recibimos abrazos y mimos al corazón. El verde mi color favorito y en la naturaleza siempre lo encuentro, y también te encuentro a vos dándome paz al corazón, sos mi guía. Disfrutar de la vida es un placer que pocos tienen. Despertate cada día con ganas de comerte al mundo, que él no te coma a vos.

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