miércoles, 30 de abril de 2014
Y te caes
Y no queda otra que echar mano de la última gota de voluntad y levantarse. Aunque también es cierto que hay caídas que duelen más que otras, pero la peor de todas es cuando no notas el suelo, caes y caes, como en un pozo o como en un agujero negro. Y la incertidumbre de no saber cuándo te estamparás contra el suelo, cuándo tu cuerpo estallará en un ruido sordo no hace que la caída sea más llevadera. Así que ahí estás tú, sin poderte aferrar a nada y cayendo cada vez a más velocidad sabiendo que a cada segundo que pasa el suelo está más cerca.
No oigo nada y solo alcanzo a ver tus lágrimas
Jamás había visto llorar a alguien de aquella manera, en silencio, con una técnica que dejaba ver que había sido perfeccionada con la práctica. Daba la sensación de que se había parado el tiempo, de que estábamos bajo el agua. Nadie debería llorar en silencio. Nadie debería saber llorar en silencio. Las lágrimas salían de sus ojos lentamente, los quejidos morían en sus labios presionados con fuerza. Todo debía permanecer en silencio. Su silencio. Nadie debía romperlo. Nadíe debía oírla. Nadie. De lo contrario, todos acabarían llorando, en silencio. Y se hundirían. Más valía ella hundida que todos bajo tierra. Sí, más valía. Así que cogía aire y el proceso comenzaba de nuevo. Ojos bien abiertos, labios bien cerrados. Parecía sacada de otro mundo, parecía todo un sueño. Jamás habría pensado que pudiese existir una persona tan perdida en sí misma.
jueves, 3 de abril de 2014
Por mil noches.
Yo sé que algunas veces me equivoco demasiado.
No es que lo haga apropósito, soy humana.
Yo sé que estás cansado de mirarme de costado.
Prometo estar de frente, para siempre, por la eternidad.
Estoy arrepentida y me gana la nostalgia.
No sabes lo que te extraño, el recuerdo todo el tiempo me mata.
Será que lo divino no mezcló muy bien las cartas.
O será que corté mal el mazo. No soy de buen mezclar, cariño.
Será cuestión de suerte que sigamos separados.
Claramente no quiero que la suerte haga eso, no me parece correcto.
Quisiera encerrarte por mil noches, por mil años.
Por toda la eternidad, por la vida entera.
Sigo sin saber nada de vos en este incendio.
¿Dónde estás? ¿Te acordás de mí?
Cada vez que estás cerca de mi es un infierno desde el día en que te conocí.
Pero tu infierno me enamora, hoy, siempre...Gracias a Dios que te conocí, qué gloria la suerte.
Quisiera encontrarte algún día en mi camino.
¿No ves que tenemos la misma dirección?
¿No ves que sigo atada a un recuerdo que no olvido?
No te imaginás cómo das vueltas en mi cabeza, cómo rondás.
Y tengo tantas cosas que decirte al oído.
Cosas que no puedo guardar más, necesito que las sepas.
Mentiras o verdades que no importan, da lo mismo.
Total, lo único que me importa es que sientas mi respiración.
Hace un tiempo estoy así, no puedo dormir desde el día en que te conocí.
No puedo dejar de pensar en vos, no puedo. Igual, muchas gracias por aparecer en mi vida.
Y las horas en la noche o en la media madrugada donde brillan las estrellas, donde ya no queda nada.
Esas horas pico en la que el tránsito en mi cabeza es un caos donde sólo estas vos, vos y solamente vos.
Y la noche me sorprende y me arranca las entrañas.
A la función de tu mirada.
Y me mata poco a poco, me va dejando sin nada.
Necesito renovar, necesito que vuelva a girar la ruleta y que la suerte no esté en el mismo lugar, sino de mi lado.
Y tu risa se desborda, donde mueren las promesas.
Ya que es melodía para mis oídos, música celestial.
No me pidas que me enoje, si enojarse es tu destreza.
No quiero sacarte el personaje, cada uno con lo suyo.
Y no olvides que nos dimos todo lo que nos quedaba.
Y todo lo que nunca tuvimos, todo nos dimos.
Sin embargo, casi nunca, nunca no nos alcanzaba.
Siempre podía haber un poco más...
Esa noche que te fuiste y que empezamos a odiarnos...
No sabés lo que me dolió, lo que lloré, lo que te extrañé.
Cada día que se vuela, cada vez yo más te extraño.
Entendeme con palabras. Te extraño, corazón.
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